viernes, 10 de diciembre de 2010

Del Violeta al Negro ( Pablo Romero)

Ya van muchos años desde aquellos buenos tiempos de infancia, desde que mi hermano Nicanor me invito a vivir con el en Santiago, desde que mi familia llegó a la Quinta Normal o desde que nacieron Ángel e Isabel. Todo siempre ha sido como una montaña rusa, sube, baja y vuelve a subir. Cuando vivimos con Luis en Valparaíso, pensé que al fin todo no pararía de subir, pero siempre hay mas, el mundo siempre entrega mas, el pájaro que canta en la rama, el sol de la mañana, el ruido de la ciudad y el silencio del campo, el vino del almuerzo, la guitarra al unísono, la gente pobre, el amor y el desamor, el teatro, la vida tiene demasiados matices para dedicarme a una sola disciplina como es el matrimonio. ¡Y cómo di en el clavo con todo esto!, si justamente solo tuvieron que pasar un par de años para comenzar a escribir una historia que ni yo misma, con todo el esfuerzo que hice, hasta el día de hoy he podido terminar. Nos paseábamos por santiago recorriendo bares, en Valparaíso recorriendo los puertos con la Hilda para mostrar uno que otro valsecito peruano o un corrido mexicano, era nuestro ingreso y aparte, lo pasábamos bien siendo las hermanas Parra. En aquellos tiempos yo disfrutaba trabajar con mi hermana. Todo sabemos que este país se alimenta de la olla del vecino, nos cuesta demasiado valorar lo que sale de adentro y siempre la gente esta copiando y sobrevalorando lo que viene de afuera. Yo por aquel tiempo no lo comprendía muy bien, fue mi hermano quien me hizo abrir los ojos y darme cuenta que era necesario adentrarme en mis raíces, y yo si debería haber sabido hacerlo, el campo entrega muchas cosas que la ciudad no puede ni soñar, una serie de motivos que marcaron cada arruga de mi piel, cada flor de mi vestido y cada cuerda de mi charango. La maquina de coser de mi madre y el Río Cautín son escenarios que sí merecen ser plasmados en una melodía que se repita al unísono hoy, mañana y siempre. Las poesías basadas en mi historia, en mis alegrías de infancia y mis tristezas mujer, esposa y madre, en los lindos recuerdos con Nicanor jugando en Chillan o en las lagrimas cuando supe del casorio de Gilbert, esas poesías escribieron una historia, un comienzo hermoso que sirvió para traspasar fronteras. La gente suele apreciar los momentos lindos de su vida, como que fueran esos momentos los que gatíllan al éxito o la felicidad, yo puedo decir que, tal vez no orgullosamente, pero en mi vida ha sido en cierto modo todo lo contrario. Recuerdo estando de viaje, andaba en Europa en un concurso al cual me habían invitado en ese entonces, aproveché el viaje para conocer y darme a conocer. Me di cuenta de la brecha que existía entre la exposición cultural de mi continente y el europeo, en fin, a lo que iba, mientras estuve ahí recibí la triste noticia de la muerte de mi hija, Rosita ya no existía mas y una parte de mi tampoco. Mi vida siempre se ha visto marcada por tragedias y es un poco la esencia en que se desarrolla el personaje, porque más bien, uno cumple un rol de personaje en su propia vida o no, uno finge consigo mismo y se moldea para que la gente se trague sus absurdos juicios que ni yo ni nadie de seguro quiere escuchar, ¿y eso viene siendo bueno o malo realmente?... De no ser por todas esas penas en mi vida quizás no hubiese hecho cosas que hice o no hubiese dicho cosas que dije. Una muerte y dos canciones, todas las caras nuevas y unas pocas caras viejas me hicieron volver a Chile y volver a cero, bajar de la nube y bajar el volumen. Fueron meses difíciles y aquí vuelvo a citar la parte en que hablaba de la tragedia como modo de vida, en tiempos buenos yo no me preocupe de subir ni de alegrarme porque se suponía que lo estaba, es cuando la pena corrompe el alma y el drama venda los ojos cuando se hace necesario levantarse, uno no puede levantarse sin antes haberse caído, a mas caídas mas me levanto y surjo, porque esta historia se escribió a punta de porrazos. Pasaron casi 3 años para que yo volviera a Francia, aya la cosa era distinta, yo me acuerdo de haber sentido como una tarea personal el repartir oreja por oreja la música que en mi cabeza y en mi corazón se había desarrollado durante todos los años que viví en Chile, el Folklore podría cruzar muchas mas fronteras de las que yo en una vida entera, pero el impulso tenia que darlo alguien, mis hijos comenzaron a seguir el mismo camino y me daba gusto verlo y sentirlo, todo se volvía una lucha a coro, un movimiento lindo, una cruzada con sentido de la cual muchos nos estábamos volviendo participe, cada día amanecía con mas sol en la ventana. Aún así, es difícil estar lejos de su tierra, siempre se hace difícil (no se olviden de la montaña rusa) y la etapa de Paris nunca dejo de ser una abundante nostalgia. No es fácil estar lejos, no es fácil que se vayan los hijos antes que uno, no es fácil, la vida no es fácil. Debería estar agradecida por las cosas que en este ultimo tiempo se han dado, la música de mi país se ha logrado expandir hasta acá sin que ni los Chilenos lo sepan muy bien, hasta el Louvre ha sabido de los Parra de Chile y uno que otro Galo ya habrá escuchado hablar del Caleuche, pero me cuesta, en ese minuto me costó y hoy me sigue costando. Que pena siente el alma cuando la suerte impía se opone a los deseos que anhela el corazón, que pena siente mi alma ante esta angustia y esta nostalgia, ante este vacío que hay en una vida que desde afuera se ve tan llena. Tan vacía estoy yo como esta la gente, tan vacía está mi vida como el corazón de un verdugo, tan vacía como la olla del minero, tan vacía como la caja de mi guitarra y como el interior de esta ingrata y amplia carpa. No pensaba que estando en Paris el carrito de la montaña rusa volvería a subir, o al menos me haría creer que así era. Ya no estaba en mis planes volver a tropezarme con esa piedra que ya me había hecho caer dos y más veces en mi vida, pero al parecer el destino me haría caer de nuevo, y la piedra tenía nombre y se llamaba Gilberto. Realmente para cambiar las cosas hay que hacerlo actuando y decidí realizar una intervención cultural volviendo a Chile, traer lo que había aprendido en mis viajes y enriquecer la cultura de mi país con hechos concretos. Traje esta carpa, que en ese momento pensé que me uniría a mi gente, pensé que sería un nuevo amanecer entre el puente que existe sobre la cuna y la escuela. Hoy después de revisar cuanto evento puedo recordar, cuanta alegría me vieron cantar y cuanta tristeza me escucharon sangrar, me río por última vez al ver esta carpa vacía, sin nadie a mi alrededor, sin ni una nota llenando el infinito silencio que sigue dando vueltas después de mas de 40 años en mi vida, derrámo mi ultima lágrima igual a la que perdí cuando fui en busca de mi ultima piedra, de el que creía seria mi acompañante hasta el ultimo día, cuando se fue pal norte y me dejó aquí, yo con alguna falsa esperanza lo fui a buscar a las alturas, y me pille con la peor de las sorpresas. Todas las penas de las canciones hoy se reúnen aquí, para dejarme sola, para dejarme aquí , bajo esta carpa, al igual que todos, me dejaron aquí, así como yo misma me estoy dejando aquí eternamente en este preciso momento, porque la montaña rusa, por mas que suba hasta el cielo, siempre se acaba, siempre sube y siempre vuelve a bajar.